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ECSI - ENMI

Encefalomielitis Miálgica

FAQ - Preguntas y respuestas mas frecuentes

¿Cuáles son los síntomas de la ENMI?

La Encefalomielitis Miálgica presenta un patrón de síntomas y de rasgos característico que incluye:

Agotamiento extremo de un nuevo tipo, patrón y severidad
Malestar o cansancio post esfuerzo que no cede con el reposo
Dolor de cabeza de un nuevo tipo, patrón y severidad
Dolores musculares y articulares
Limitación en la actividad
Trastornos en el sueño
Disfunciones neurocognitivas: Confusión, desorientación, falta de concentración y de atención, fallas en la memoria de corto plazo, dificultades en el procesamiento de la información, en la recuperación y clasificación de palabras (no encontrar las palabras y/o nombrar los objetos); trastornos sensoriales y perceptivos, tales como: inestabilidad, desorientación espacial e inhabilidad para focalizar la atención. Ataxias. Debilidad muscular. Alteraciones de la motricidad. Puede haber fenómenos de sobrecarga como por ejemplo: fotofobia, hipersensibilidad a los ruidos. Situaciones de sobrecarga emocional pueden conducir a períodos de ansiedad o episodios de quiebre emocional cargados de angustia, etc.
Febrícula (< 38ª)
Presión baja
Disfunciones neurovegetativas: Intolerancia ortostática, trastornos en el intestino con o sin Colon Irritable, frecuencia urinaria aumentada con o sin disfunciones en la vejiga, palpitaciones con o sin arritmias cardiacas, inestabilidad vasomotora y trastornos respiratorios.
Disfunciones inmunes: Inflamación de ganglios, dolor y/o ardor de garganta, recurrentes estados gripales, malestar general, aparición de nuevas alergias o cambios en las alergias preexistentes, hipersensibilidad a los medicamentos y/o a los químicos.
Disfunciones neuroendócrinas: Pérdida de la estabilidad termoestática, intolerancia al frío y/o al calor, falta o excesivo apetito, hipoglucemia, pérdida de la adaptabilidad y de la tolerancia al estrés, empeoramiento de los síntomas con el estrés, y labilidad emocional.

Dicho patrón de síntomas tiene una expresión particular en cada persona. Varia en severidad y sus síntomas pueden disminuir luego aumentar.

¿Cómo se manifiesta la ENMI?

La Encefalomielitis Miálgica (ENMI) puede dejar, a quien lo sufra, en cama y minusválido por mucho tiempo. El enfermo se siente como si estuviera bajo el efecto de una grave resaca, más un estado constante de gripe, dolor muscular y agotamiento extremo como si hubiera corrido un maratón. Estos síntomas pueden durar semanas, meses o años.

Las personas con ENMI (PcENMI) sufren la incapacidad para trabajar o funcionar en un nivel aceptable. Forzadas a dejar sus tareas o a no poder cumplir con sus obligaciones, ven con preocupación como su vida laboral poco a poco se les escapa de las manos. Esto incluye seguridad económica, trabajo, así como también un paulatino deterioro en aspectos que hacen a su vida familiar y/o social.

Por la dificultad en el establecimiento de un diagnóstico, junto con el escepticismo general que rodea a la enfermedad, el comienzo de suele ser desbastador para el paciente y eventualmente para quienes lo rodean.

Al comienzo reina la confusión y los síntomas se presentan en forma superpuesta unos con otros, siendo muy difícil discriminarlos. La intensidad de los dolores y la duración y frecuencia de los síntomas son al principio mayores. Conforme va pasando el tiempo y se van sucediendo las distintas crisis, los síntomas aparecen más claramente diferenciados y el paciente empieza a estar en condiciones de describir más detalladamente que le pasa física y emocionalmente.

Durante las recaídas hay una notable exacerbación de la sintomatología. Los factores desencadenantes de estas crisis pueden estar relacionados a una infección viral o bacteriana, una reacción alérgica, estrés, cambios hormonales o excesivo ejercicio físico. En algunos casos estas recaídas no tienen un manifiesto antecedente, sencillamente ocurren.

En cualquier otra enfermedad ordinaria, los síntomas desaparecen después de unos pocos días, pero en la ENMI, el cansancio y otros síntomas reaparecen o persisten durante meses o hasta años.

Algunas personas experimentan un síntoma particular todo el tiempo mientras que otros lo experimentan en forma intermitente. Algunos síntomas ocurren cíclicamente y otros en forma aleatoria.

La severidad de los síntomas varía de un paciente a otro; algunas personas con ENMI pueden estar totalmente discapacitadas y otras solo simplemente molestas. La intensidad o gravedad de la sintomatología se puede ver exacerbada por un incremento de la actividad.

Los períodos de exacerbación de los síntomas son extremadamente difíciles de resistir, no solamente por los dolores, malestares y limitaciones que provocan, sino también por el temor que engendran. El paciente teme que la enfermedad pueda agravarse viendo amenazada su calidad de vida.

La ENMI no es una enfermedad contagiosa ni hereditaria y no se complica ni causa la muerte, a pesar de la debilidad general que provoca. Si bien todavía no se ha encontrado una cura específica para la enfermedad, muchos pacientes pueden mejorar su condición con tratamientos sintomáticos.

¿Cómo se diagnostica la ENMI?

Como en cualquier otra enfermedad, lo primero es el diagnóstico; instancia difícil de alcanzar cuando se trata de una dolencia que presenta síntomas inespecíficos, causa desconocida aún y pruebas clínicas diagnósticas inexistentes.

La llave para el diagnóstico está en la comprensión de los patrones subyacentes de los síntomas que manifiesta. Al profesional médico le resultará útil realizar una exhaustiva historia clínica estudiando cada síntoma en detalle e indagando acerca de las condiciones físicas y emocionales del paciente previa aparición de los síntomas.

Dada la gran cantidad de síntomas y signos que la configuran y a la falta de marcadores biológicos y de pruebas clínicas de confirmación diagnóstica, se ha consensuado un proceso de diagnóstico diferencial para excluir otros trastornos médicos con los que habitualmente se superpone y que son exclusivamente diagnosticables por la clínica.

Para su diagnóstico diferencial se cuenta con los criterios clínicos diagnósticos canadienses (2003), y para la investigación se utilizan los criterios diagnóstico Fukuda (1994) revisados en 2003 por el CDC, Centro de Control de Enfermedades.
 Criterios Canadienses para el Diagnóstico Clínico (2003)

¿Qué causa la ENMI?

A pesar de todo lo que se ha investigado hasta el momento, todavía no se ha identificado una única causa. De hecho, la mayoría de los expertos coinciden en que probablemente haya distintas rutas en el curso de la enfermedad y que otros factores contribuyan a su mantenimiento una vez comenzado el proceso.

Las principales teorías consideran factores orgánicos en el origen. También hay teorías que le adjudican un origen funcional. Sin embargo, el amplio espectro de síntomas sugiere una multicausalidad. Hoy en día, están más en boga las hipótesis integradoras de factores orgánicos, ambientales y psicosociales.

Habiendo no sido aislada una única causa para la ENMI, pensar en un conjunto de causas es más beneficioso, y en un mismo paciente dichas causas jugarían distintos roles.

En la expresión y/o manifestación de la ENMI participan factores de predisposición, factores desencadenantes y factores de perpetuación o de continuidad y mantenimiento de la sintomatología.
La evaluación del interjuego de estos factores en la manifestación de la sintomatología permite reconocer sus mecanismos de acción y elaborar una estrategia para su tratamiento.

¿Quién contrae la ENMI?

Afecta tanto a adultos como a niños y adolescentes, mayoritariamente a adultos jóvenes (entre los 20 y 50 años) de ambos sexos, de todos los niveles socioeconómicos y etnias.

La incidencia de ENMI en niños y adolescentes ha sido en gran parte subestimada. El diagnóstico de la ENMI puede ser especialmente difícil en niños porque ellos no tienen aún plenamente desarrolladas muchas de sus capacidades y no alcanzan a discriminar la salud de la enfermedad.

En general el patrón de síntomas en los niños y adolescentes es similar al de los adultos, aunque hay unas pocas excepciones. Una notoria diferencia es que en los niños los numerosos síntomas parecen tener casi la misma severidad, en cambio en los adultos lo más común es encontrar algunas personas más graves que otras.

Otra diferencia entre adultos y niños aparece cuando se evalúan los síntomas neurológicos. Los adultos tienen una clara percepción de sus habilidades y pueden fácilmente reconocer su pérdida de la memoria o la falta de concentración. Los niños no son tan conscientes de sus habilidades y estos síntomas se manifiestan como una progresiva dificultad en las tareas escolares.

¿Qué tipo de atención médica es conveniente buscar?

Aquellas personas que sospechen puedan sufrir esta enfermedad, deberían buscar un médico con quien puedan establecer un buen rapport y tenga conocimiento sobre la enfermedad o esté abierto a aprender.

Es muy importante buscar un profesional médico que se encuentre familiarizado con la forma de expresión de la enfermedad. Los síntomas de la ENMI pueden ser asociados o confundidos con otras enfermedades (enfermedades autoinmunes, cáncer, hepatitis, diabetes, etc.). De allí la necesidad de lograr un diagnóstico certero para seguir el tratamiento más efectivo para cada caso.

Si su médico no conoce la enfermedad pero usted confía en su disposición para acompañarlo en el esclarecimiento de sus síntomas, Ud. podría acercarle toda la información que encuentre disponible y motivarlo para que estudie la ENMI y las posibles formas de tratarlo médicamente.

Toda persona que sufra una enfermedad crónica, en la desesperada búsqueda de un tratamiento que de alivio a su padecimiento, corre el riesgo de encontrar terapias que puedan ser cuestionables y hasta perjudiciales para su condición.

Por lo mismo, se deberá realizar un permanente y controlado testeo de los distintos tratamientos existentes. Desdichadamente esto es muy arduo y difícil para el paciente, quien se ve expuesto a la frustración de no encontrar la cura y el alivio inmediato. Por otra parte, corre enormes riesgos con tratamientos farmacológicos que no sólo pueden no ayudarlo sino también causarle un perjuicio empeorando aún más su condición.

En el vínculo terapeuta - paciente es importante que exista un canal abierto de comunicación, que ambos puedan trabajar en equipo y que la cronicidad de esta enfermedad lejos de desalentarlos, sirva para afianzar el deseo de persistir en la búsqueda de un tratamiento seguro a pesar de las muchas limitaciones y frustraciones con las que tropiecen.

¿Qué tratamientos hay para la ENMI?

Aunque no haya una cura específica para la ENMI, sus síntomas pueden ser tratados y su discapacidad reducida.

Es básico entender la diferencia entre tratar los síntomas de una enfermedad y eliminar sus causas. Con respecto a la ENMI hay numerosos tratamientos disponibles para ayudar a aliviar la sintomatología, pero la subyacente causa de la enfermedad todavía no se sabe cuál es ni como tratarla.

El tratamiento debe ser personalizado y multidisciplinario, siendo vital el desarrollo de una relación de mutua colaboración y confianza entre el médico tratante y el paciente. Juntos deberán elaborar un programa de acción que ayude a aprender a manejar mejor la enfermedad.

Los objetivos básicos de un tratamiento apropiado para la ENMI deberán estar dirigidos a:

• reducir el cansancio extremo
• disminuir la incidencia de síntomas neurológicos y cognitivos
• aliviar el grado de dolor
• mejorar los niveles de actividad
• aliviar los efectos y consecuencias que la ENMI provoca en el ritmo y estilo de vida del paciente y de su entorno
• reducir los niveles de discapacidad.

Para alcanzar estos objetivos se han de seguir algunas de las siguientes pautas:

• Tranquilizar al paciente con relación a la exclusión de otras enfermedades médicas graves.
• Informarlo sobre el curso fluctuante y crónico, en diferentes fases y con sucesivas recaídas y remisiones de esta enfermedad.
• Hablar acerca de los cambios en el estilo de vida que deberá adoptar para minimizar los posibles factores de perpetuación y amplificación de los síntomas.
• Para aquellos casos en que se haya superado la fase aguda de síntomas, será oportuno estimular la actividad física e intelectual hasta un nivel tolerable y reducirla en el momento de la exacerbación de los síntomas.
• Una buena relación médico-paciente es fundamental. El afectado necesita sentirse bien atendido, escuchado, informado y acompañado. El médico y el personal asistencial han de aceptar la fatiga y el malestar a pesar del desconocimiento acerca de su etiopatología.

El seguimiento de los pacientes con ENMI debería realizarse aproximadamente cada tres meses para valorar la evolución del cuadro y la respuesta al tratamiento prescrito. Para observar al máximo los posibles cambios se recomienda el uso de instrumentos de medida como la Escala de Impacto de la Fatiga y la Tabla de Severidad de Síntomas.

Es importante mantener esta perspectiva:

No se trata de buscar un tratamiento único, sino de elaborar una estrategia terapéutica particular que permita incluir los aportes de distintos procedimientos.

Así como un enfermo de SIDA o de Cáncer puede ser tratado a través de un llamado "cóctel de drogas", el proceso de recuperación de la ENMI requiere de un "cóctel de tratamientos”.

El espectro de tratamientos probados por los pacientes es bastante amplio y los resultados de las experiencias muy variable: aquello que para un paciente puede resultar un tratamiento milagroso, para otro puede ser causa de una fuerte recaída.

El éxito de algunos tratamientos puede durar poco tiempo y los síntomas retornar durante el curso del mismo o una vez concluido. La severidad de la enfermedad en cada caso determinará cuan agresivo deberá ser el tratamiento

 
     


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