| Desajustes
Psicosociales
Limitación de la Actividad
Las personas
afectadas por este tipo de enfermedades no pueden
realizar la actividad esperable y normal, en un día
o en una semana, debido a la peculiar forma de
expresión de la sintomatología. El típico estado que
refieren es descripto como de agotamiento extremo,
decaimiento, flojedad y debilidad, que hace difícil
comenzar o proseguir una tarea física o mental, y
que empeora por el esfuerzo de continuarla y/o
concluirla. El límite se impone de tal manera que
supera cualquier intento de llevar a cabo la
actividad.
En la expresión de este síntoma, la sobreactividad
cumple un papel fundamental en su exacerbación.
Cuando el ritmo y la cantidad de actividad supera el
nivel de disponibilidad y el de tolerancia a la
acción, se puede provocar un empeoramiento o una
recaída en el proceso de recuperación.
El paciente vive en un estado de permanente
fluctuación de su disponibilidad a la acción. Puede
pasar en forma alternativa de un nivel de actividad
medio a una escasa o casi nula posibilidad de hacer.
Puede llegar a hacer mucho un día, sentirse peor
como resultado del esfuerzo y quedar en condiciones
de hacer mucho menos al otro día o a los días
subsiguientes.
Luego de un prologado descanso, logra sentirse mejor
y aprovecha para “hacer” con el ímpetu que le da la
recobrada disponibilidad a la acción. Si no mide el
esfuerzo y se excede en la actividad, corre el
riesgo seguro de colapsar nuevamente.
Este patrón de comportamiento provoca reiteradas
recaídas entorpeciendo el proceso de recuperación de
la enfermedad. Esto no ayuda al cuerpo y contribuye
al sentimiento de frustración que suscita el “querer
hacer y no poder” sostener una actividad hasta el
final.
Las estrategias en el manejo clínico de estas
limitaciones pueden contribuir a la recuperación, o
en su defecto, con el mantenimiento de la
enfermedad. Con frecuencia se formulan consejos
médicos inapropiados al cuadro de enfermedad como
por ejemplo, hacer demasiado ejercicio físico, o en
su defecto, descansar demasiado.
Aceptar el límite en la actividad y reconocer la
necesidad de aprender a balancear la actividad y el
descanso ayudarán al proceso de recuperación. La
actividad y el ejercicio graduados, así como también
el reposo sostenido son dos opciones indispensables
a la hora de elaborar estrategias de rehabilitación.
La actividad mental puede ser tan cansadora como la
actividad física, es por ello que, por ejemplo,
muchas veces sentarse y mirar televisión no cuenta
como un real descanso.
El nivel de cansancio varía mucho y en forma
imprevista. A veces situaciones placenteras pueden
transformarse en agotadoras cuando se convierten en
fuentes de estrés por la alta estimulación que
conllevan: música o ruidos altos, fuerte iluminación
ambiental, etc.
Se recomienda balancear la actividad y el descanso,
elaborando un programa personal que se adapte al
nivel de energía y de actividad para cada etapa de
la enfermedad. Para ello es importante aprender a
conocer el equilibrio justo entre un descanso
adecuado y un ejercicio moderado. |