Desajustes Psicosociales

   
Intolerancia Cultural

Limitación de la actividad

Un tipo de discapacidad poco común
Discapacidad motora y neurocognitiva

Síntomas Neurocognitivos

Evaluación Neuropsicológica - Rehabilitación
 
Desajustes Psicosociales

Limitación de la Actividad

Las personas afectadas por este tipo de enfermedades no pueden realizar la actividad esperable y normal, en un día o en una semana, debido a la peculiar forma de expresión de la sintomatología. El típico estado que refieren es descripto como de agotamiento extremo, decaimiento, flojedad y debilidad, que hace difícil comenzar o proseguir una tarea física o mental, y que empeora por el esfuerzo de continuarla y/o concluirla. El límite se impone de tal manera que supera cualquier intento de llevar a cabo la actividad.

En la expresión de este síntoma, la sobreactividad cumple un papel fundamental en su exacerbación. Cuando el ritmo y la cantidad de actividad supera el nivel de disponibilidad y el de tolerancia a la acción, se puede provocar un empeoramiento o una recaída en el proceso de recuperación.

El paciente vive en un estado de permanente fluctuación de su disponibilidad a la acción. Puede pasar en forma alternativa de un nivel de actividad medio a una escasa o casi nula posibilidad de hacer. Puede llegar a hacer mucho un día, sentirse peor como resultado del esfuerzo y quedar en condiciones de hacer mucho menos al otro día o a los días subsiguientes.

Luego de un prologado descanso, logra sentirse mejor y aprovecha para “hacer” con el ímpetu que le da la recobrada disponibilidad a la acción. Si no mide el esfuerzo y se excede en la actividad, corre el riesgo seguro de colapsar nuevamente.

Este patrón de comportamiento provoca reiteradas recaídas entorpeciendo el proceso de recuperación de la enfermedad. Esto no ayuda al cuerpo y contribuye al sentimiento de frustración que suscita el “querer hacer y no poder” sostener una actividad hasta el final.

Las estrategias en el manejo clínico de estas limitaciones pueden contribuir a la recuperación, o en su defecto, con el mantenimiento de la enfermedad. Con frecuencia se formulan consejos médicos inapropiados al cuadro de enfermedad como por ejemplo, hacer demasiado ejercicio físico, o en su defecto, descansar demasiado.

Aceptar el límite en la actividad y reconocer la necesidad de aprender a balancear la actividad y el descanso ayudarán al proceso de recuperación. La actividad y el ejercicio graduados, así como también el reposo sostenido son dos opciones indispensables a la hora de elaborar estrategias de rehabilitación.

La actividad mental puede ser tan cansadora como la actividad física, es por ello que, por ejemplo, muchas veces sentarse y mirar televisión no cuenta como un real descanso.

El nivel de cansancio varía mucho y en forma imprevista. A veces situaciones placenteras pueden transformarse en agotadoras cuando se convierten en fuentes de estrés por la alta estimulación que conllevan: música o ruidos altos, fuerte iluminación ambiental, etc.

Se recomienda balancear la actividad y el descanso, elaborando un programa personal que se adapte al nivel de energía y de actividad para cada etapa de la enfermedad. Para ello es importante aprender a conocer el equilibrio justo entre un descanso adecuado y un ejercicio moderado.

 
     


silvia nico webmaster

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