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Para una persona que
cotidianamente se esfuerza por administrar las
tareas simples de la vida diaria (incluida su
autonomía y el autocuidado), cualquier
acontecimiento extraordinario se transforma en una
exigencia mayor.
Así un cumpleaños, un
casamiento, una reunión social o familiar y las
mismas fiestas de fin de año se constituyen en
verdaderos fenómenos de sobrecarga que pueden
llevar a una recaída. Uno puede elegir faltar a un
casamiento o a un cumpleaños, pero que difícil se
hace darse el permiso para ausentarse en estas
fiestas; sobretodo cuando no es necesario llegar al
aislamiento para cuidarse del agotamiento.
¿Qué es un fenómeno de
sobrecarga? Se trata del desarrollo de una
hipersensibilidad ante estímulos que antes de la
enfermedad eran bien tolerados pero que ahora son
verdaderas piedras en el camino. Pueden ser de
distinto tipo:
• sensorial, intolerancia a la luz,
hipersensibilidad a los ruidos, malestar ante la
muchedumbre
• cognitivo, la anticipación de información o
datos de la realidad que inquietan o obstaculizan el
propio proceso, y
• emocional, sentimientos que por exceso o
por defecto producen cierta inquietud.
Todos ellos dan lugar a un
aumento considerable de los niveles de estrés
generando quiebres, crisis o recaídas. Y las fiestas
son una verdadera sobrecarga por todo lo que
implican.
Para estas fiestas estar atento y cuidar los límites
de la propia posibilidad ayudarán a preservar el
proceso de recuperación.
Para ello será útil cuidar
que las fiestas no se transformen en una EXPERIENCIA
DE MULTIPLICIDAD INABARCABLE por toda la expectativa
que se pone en el HACER: Desde regalos, llamadas
telefónicas, mensajes de saludación, envíos de mails
(y la consiguiente respuesta a los mismos),
encuentros con todo el mundo, despedidas del año,
listas de compras, listas de platos y comidas, de
bebidas, de dulces, de manteles y servilletas, del
arbolito, las luces, las velas, las flores, y etc.
etc. etc.
Esta claro que todo no se
puede hacer sin colapsar en el intento, y
precisamente eso es lo que tenemos que evitar: el
CRUSH posterior a las fiestas.
No vamos a poder evitar el cansancio después del
esfuerzo pero si podemos ahorrarnos una recaída. Y
para ello habrá que ser claro con los demás pero
primero con uno mismo. Aceptar los límites y
desafiar la posibilidad de no sentirse solo en el
intento.
Las fiestas pueden ser oportunidades para poner al
tanto a los familiares o amigos de la etapa que se
esta atravesando dentro del curso de la enfermedad.
Actualizar la información de los avances y/o
retrocesos ocurridos durante este último año.
Enunciar las nuevas necesidades. Volver a explicitar
los límites en la posibilidad de hacer pero no en la
necesidad de compartir un momento de encuentro con
los seres queridos. Buscar la complicidad de los
otros pidiendo ayuda para HACER POCO Y DISFRUTAR
MAS.
Aprovechar la posibilidad
para mostrar con hechos que de verdad no se puede
hacer. ¿Cómo pueden los demás creer en nuestras
limitaciones si no logramos ser coherentes con
nuestras conductas?
Seamos amorosos con
nosotros mismos y cuidémonos para poder estar mejor
con nuestros afectos. Ese es el mejor regalo que
podemos darnos a nosotros mismos y darles a ellos
para estas fiestas. Salud!!! |