Bases neurobiológicas del cansancio crónico.
Su expresión bio-psico-social. Factores socioculturales perjudiciales.
Siguiendo el desarrollo filogenético se observan grandes cambios en la actual vida del hombre:
Como ha señalado Konrad Lorenz, los hombres “tenemos capacidad tecnológica para causar daño en un grado que la selección natural nunca pudo haber previsto”. Nuestro sistema biológico se defiende de ello a través de signos evidentes de inadaptación, como por ejemplo el cansancio crónico.
Los cambios internos y externos de la evolución seguían un ritmo lento, gradual y natural. Hoy el ritmo de los cambios exige al mismo sistema nervioso un esfuerzo de sobreadaptación más rápido, en forma permanente y sin descanso.
Inevitablemente, todo esto deriva en mayores expresiones de enfermedad profundizando así el quiebre del sistema biológico. Los distintos signos de desadaptación expresan un desesperado grito interior del sistema neurobiológico en su intento de seguir dando respuesta a los cambios y exigencias socioculturales de una manera más natural.
El cansancio crónico no es el simple registro de una sensación física que como señal indica la necesidad de parar la actividad y descansar. Es un tipo de fatiga que lleva a la extenuación, limita la actividad, impacta emocionalmente y discapacita socialmente.
Se trata de un estado de cansancio de origen nervioso que comprende síntomas de los más diversos registros neurobiológico, psicológico y social.
El estrés, el burn out, la depresión, la astenia son algunas de las formas que adopta el cuerpo en la expresión de este particular estado de cansancio.
Sus signos más patognomónicos son:
limitación de la actividad, reducida aptitud de trabajo, de la capacidad de hacer física e intelectualmente
fatiga muscular, sensación de agotamiento extremo o cansancio con esfuerzos mínimos, hormigueos, debilidad
fatiga intelectual, atención lábil, dificultad para concentrarse, pérdida de la memoria, lentitud mental
pérdida de la vitalidad, bajo nivel de energía, disminución de la vigilancia, pobre iniciativa, inhibición, desaliento
sensaciones atípicas, vértigo, visión borrosa, zumbidos en los oídos, intolerancia a la luz y a los ruidos.
El objeto de este trabajo es enunciar la posibilidad de pensar el cansancio como un proceso psico-neural que participa de las funciones adaptativas del organismo en su integración con el medio ambiente.
Para ello propongo, contextualizar al sistema nervioso dentro de las actuales dimensiones sociales y culturales, y relacionar el papel de la emoción y la cognición en la consecución de la homeostasis.
· La cultura de Occidente no deja que la inteligencia humana evolucione naturalmente.
· La emergencia de variados síndromes señala un desfasaje en el ritmo de la evolución.
· Circuito de desadaptación. Estrategia de la evolución para frenar la aceleración de los procesos neuropsicológicos.
· La importancia de la cognición de las emociones en la evolución.
· Conclusiones.
· Bibliografía.
El análisis de la evolución biológica y cultural del hombre puede ayudarnos a comprender ciertos trastornos funcionales presentes en la actualidad que incluyen al cansancio crónico como síntoma.
Desde un punto de vista evolutivo, el sistema nervioso actúa aumentando las posibilidades de supervivencia y asegurando la reproducción de la especie. Cuenta para ello con la plasticidad y flexibilidad neuronal que le permite adaptarse a los cambios. El sistema nervioso debe integrar la información proveniente tanto de los ambientes interno (visceral) y externo (medio ambiente), y en el proceso de homeostasis mantener estables los parámetros biológicos fundamentales para la supervivencia.
El proceso de encefalización se inicia en el cerebro ventral, la parte más antigua del encéfalo, encargado de los procesos homeostáticos (cuida que las múltiples y complejas funciones somáticas permanezcan estables), progresa hacia una parte intermedia subcortical relacionada con los procesos emocionales y continúa con el desarrollo de su parte más moderna, la corteza asociativa relacionada con los procesos cognitivos que influyen y son influenciados por las emociones.
La evolución cultural, desde el homo habilitis pasando por el homo erectus al homo sapiens, viene a reforzar la capacidad adaptativa del hombre dotándolo de la posibilidad de sobrevivir a los diferentes ambientes, de modificar su entorno e introducir cambios en el estilo de vida. La aparición del lenguaje, la introducción de la agricultura, la ganadería y la vida urbana dan algunas pistas sobre la evolución del encéfalo en los homínidos.
La alta complejidad encefálica más la ductibilidad para la adaptación a los cambios ambientales, hacen del hombre un gran productor de culturas y de las más altas formas de tecnología.
Durante el paleolítico los ritmos en que la evolución avanzaba se definían en el terreno de lo estrictamente biológico y natural. En la actualidad el avance de lo cultural sobre lo biológico hace del entorno más próximo al hombre un medio más artificial que natural.
A través de la historia, el ambiente físico no ha cambiado tanto comparado con las rápidas - y de enorme importancia - modificaciones sociales acontecidas en los últimos cien años. Los condicionamientos ambientales se tornaron más restrictivos actuando como factores indicadores de los procesos y planteando problemas extraorgánicos que el hombre debe resolver para sobrevivir.
Los sistemas emocionales, encargados de acompañar al hombre en su actividad física y afectiva-social, no logran satisfactoriamente controlar, guiar y regular sus acciones en el intercambio conductual con el medio ambiente, con sus pares y con las instituciones sociales y culturales.
La aparentemente irrefrenable carrera tecnológica ha desbocado en una precipitación de los procesos donde la calidad de los mismos ha quedado supeditada a las exigencias socioculturales. Se privilegia la sobreactividad, la velocidad y la falta de límites, factores que favorecen la emergencia del cansancio y la fatiga crónica como signo o síntoma de desadaptación y/o enfermedad.
La cultura Occidental no deja que la inteligencia humana evolucione.
En la cultura occidental ha tenido lugar una dramática masificación del pensamiento. El hombre ha perdido el poder de introspección, la sensibilidad y la capacidad de detenerse a pensar. Se observa cada vez más una notable adaptación a las formas colectivas de pensamiento. La masa incorpora y acepta casi en forma incondicional lo que el mercado cultural impone.
Desde este enfoque, el progreso es otra trampa sociocultural que aleja al hombre de la real posibilidad de evolucionar. Como ejemplo, la tecnología ha permitido que el trabajo se filtre en cada rincón de la vida. En la era de la superautopista de la información es imposible esconderse del correo electrónico, el fax y el teléfono. Así vemos que hoy es posible,
Esto lleva a que todo el mundo está prácticamente todo el tiempo en actividad; se trabaja “on line and without limits”. Se premia el servicio de 24 hs. los 7 días de la semana.
Pero el desajuste no solo proviene de la carga laboral. Tanto en la ciudad como en el campo el individuo esta expuesto a infinidad de estímulos de una intensidad y naturaleza que excede los umbrales aceptables. Nuestro sistema nervioso se ve expuesto a fenómenos de sobrecarga como la fotofobia, la intolerancia a los ruidos o la tan extendida hipersensibilidad ante el estrés.
Los hábitos de alimentación y esparcimiento también fueron secuestrados por la rapidez. Se ha llegado a valorar la velocidad para comer como un signo de control y eficiencia. En lugar de sentarnos a comer en grupo (amigos o familiares), comemos solos, en movimiento o mientras trabajamos o hacemos otra cosa (leer el diario, navegar en Internet, manejar o hasta incluso caminar!). La vida en comunidad es demasiado lenta para el mundo moderno.
La aceleración alrededor de la comida se nota en la granja y en la industria con el uso de fertilizantes químicos, pesticidas, hormonas de crecimiento, modificaciones genéticas y demás tretas para reducir costos y hacer que animales y cosechas crezcan más rápido. En nuestro apresuramiento, nos alimentamos mal y padecemos las consecuencias. La alimentación que ofrece la industria y el mercado esconde una falsa economía que redunda en altos costos por el daño y degradación del medio ambiente y la salud humana.
Con respecto al ocio, la actividad rige nuestras vidas y cuando tenemos tiempo libre rara vez nos sumergimos en la quietud y contemplación. Rápidamente nos ocupamos en llenar cada hueco libre de la agenda. Nos preocupamos además si no surge nada para hacer. Mirar televisión es la principal actividad de ocio y consume gran parte de nuestro tiempo libre. Navegar en Internet es otro de los pasatiempos que puede llegar hasta desvelarnos con su sobredimensionada oferta de información.
La cultura occidental no deja que la inteligencia humana evolucione y haga el registro de la necesidad de responder en forma equilibrada tanto a los requerimientos externos como a las necesidades internas. La conducta humana está fuertemente condicionada por las exigencias ambientales que determinan formas de alcanzar el placer externas al cuerpo y que prescinden del autocontacto necesario para percibir la fuente del displacer.
Por ejemplo, el cerebro cuenta con muchos tipos de memorias metabólicas inconscientes. Es a través de ellas que nuestros cuerpos pueden automáticamente evaluar qué producto del medio ambiente es el adecuado para alcanzar la homeostasis necesaria para la supervivencia; tipo y cantidad de comida, agua, nutrientes, oxígeno, etc.. Nosotros podemos aprender a evitar aquellas sustancias que generen consecuencias metabólicas negativas a nuestro sistema.
Esta capacidad de aprender es también tomada por el mercado de consumo, el que condiciona nuestros gustos y necesidades a través de una publicidad pseudo educativa destinada a cambiar y reemplazar nuestro juicio a la hora de elegir qué comer, cuánto tiempo destinarle descanso, cómo vestirnos, trabajar, vincularnos o entretenernos.
La cultura de la “instantaneidad” nos promete que no habrá que esperar y que podremos dar respuesta inmediata a todas las necesidades. Lo único que exige a cambio es la supresión de los procesos internos y externos de búsqueda. Si es verde y va acompañado de la palabra light, es sano, nutritivo, energizante y placentero. Así nuestro sistema biológico se sostiene sobre la engañosa creencia que la inmediatez, rapidez y abundancia en el consumo y en la actividad, nos asegurarán una mejor calidad de vida.
La emergencia de variados síndromes señala un desfasaje en
el ritmo de la evolución.
La supervivencia natural del hombre no parece amenazada pero su calidad de vida está hoy más comprometida que nunca. En la clínica se observa con mayor frecuencia la ruptura de la coherencia psicoconductual necesaria para sobrevivir con una discreta calidad de vida al mundo actual.
El ritmo de la evolución en el hombre sufre un desfasaje entre los cambios biológicos y los cambios socioculturales. Los programas cerebrales heredados ancestralmente no alcanzan a sostener el equilibrio entre el mundo externo y el interno.
Hoy la interacción entre lo biológico y lo ambiental se da en desmedro del neocórtex que parece estar en desventaja si se lo compara con su entorno potenciado por el efecto de la tecnología informática, forma más evolucionada de la actual cultura. El medio ambiente no solo está enriquecido artificialmente sino que es permanentemente monitoreado, manipuleado y alterado por las leyes socioculturales.
Nuestro presente está marcado por los cada vez más complejos déficits internos y por las demandas sociales-culturales desproporcionadamente altas, que generan un intermitente quiebre que afecta al sistema nervioso disminuyendo su resistencia biológica y perturbando el natural balance fisiológico del organismo.
Esta cultura altamente tecnificada opera como un auxiliar ofreciéndole al hombre recursos materiales que parecen compensar las limitaciones biológicas y fuerzan a seguir la actividad, más allá de la necesidad del descanso como instancia reparadora del equipo biológico. Es así como en las últimos décadas han surgido nuevas formas de enfermedad que presentan un variado y amplio espectro de síntomas, entre ellos el cansancio crónico. Solo como ejemplo podemos mencionar:
Ø Enfermedades reumáticas como Fibromialgia, Artritis Reumatoide, Polimialgia Reumática.
Ø Enfermedades metabólicas como Hipotiroidismo, Obesidad, Déficit del Factor de Crecimiento, Insuficiencia Hipofisaria, Insuficiencia Suprarrenal.
Ø Enfermedades infecciosas como la Chlamydia, Micoplasma, Sida, Virus Epstein-Barr, Citomegalovirus, Enfermedad de Lyme.
Ø Enfermedades neurológicas como Síndrome de Apneas del Sueño, Narcolepsia, Miastenia.
Ø Enfermedades inmunológicas como Esclerosis Múltiple, Lupus, Síndrome de Sjögren.
Ø Enfermedades Psiquiátricas como Depresión, Esquizofrenia, Trastornos de la Alimentación, Dependencia Crónica al Alcohol y a otras Sustancias.
Ø Otras enfermedades, Anemia Crónica, Insuficiencia respiratoria, Insuficiencia cardíaca, Estrés, el Burn out, Astenia.
Estas enfermedades causan cansancio crónico como un síntoma secundario. Se trata de enfermedades distintas a la Encefalomielitis Miálgica, comúnmente conocida como Síndrome de Fatiga Crónica, en la que la existencia de la misma enfermedad justifica el desarrollo del cansancio crónico, al mismo tiempo que otros síntomas que le son propios. La Encefalomielitis Miálgica fue descripta por Melvin Ramsay en Londres en 1955. Es una condición clínica especial que afecta el Sistema Nervioso Central y su conexión con los Sistemas Inmune y Neuroendócrino. Produce variados niveles de discapacidad, deterioro reversible de las funciones cognitivas, dolores musculares y/o articulares incapacitantes y limitaciones en la actividad física y/o intelectual. Tiene una manifestación clínica heterogénea y a pesar que no se cuenta aún con un marcador biológico específico, es clínicamente reconocible. Las personas afectadas funcionan con un nivel de actividad sustancialmente menor al que tenían antes de la enfermedad.
Siendo la Encefalomielitis Miálgica una forma extrema de expresión del cansancio anormal, merece un desarrollo aparte. Aquí nos interesa abordar el cansancio crónico como un proceso psico-neural que participa de las funciones adaptativas del organismo en su integración con el medio ambiente.
Acostumbramos a considerar al cansancio como una vivencia subjetiva, que en su forma de expresión puede alcanzar distintos significados:
· Cultural y socialmente el cansancio puede ser tenido en cuenta para medir el valor y la fortaleza de una persona.
· Biológicamente, se constituye en una señal que da el cuerpo cuando está alcanzando un límite.
· Comportamentalmente, altera la manera en que el sujeto se mueve o actúa.
· Cognitivamente, suscita interés acerca de sus significados, sus causas y posibles tratamientos.
Serían muchas las causas potenciales de cansancio anormal, buena parte de ellas de origen orgánico que al no tener marcadores biológicos específicos no cuentan con demasiada credibilidad científica.
La fatiga crónica, un tipo de cansancio anormal o patológico, reduce la capacidad de trabajo e impide realizar hasta las tareas más sencillas. Su forma de inicio es progresivo e insidioso y se manifiesta ante las actividades diarias comunes sin que medie algún tipo de esfuerzo que lo justifique.
Dos características destacan a este estado particular de cansancio patológico:
En la fatiga crónica la falta de disponibilidad energética repercute en la vida cotidiana tanto a nivel físico, intelectual, laboral como recreativo y social.
Si bien nuestro sistema nervioso está adaptativamente organizado para lograr la integración entre la homeostasis, la emoción y la cognición, en la actualidad se encuentra expuesto a un desfasaje como consecuencia de la falta de correspondencia entre el ambiente original de la adaptación y el medio socio-cultural actual.
En este contexto, siendo el cansancio una situación de disbalance homeostático, como el hambre, la sed o el sueño; cuando las demandas ambientales son excesivas y persistentes se crean las condiciones que dan lugar al cansancio como un síntoma crónico.
Pensar al cansancio crónico como una disfunción permitiría avanzar en el estudio de los aspectos biológicos y psicológicos de una expresión bio-psico-conductual posible de organizar bajo la forma de un circuito neuro-emocional.
Entre los síntomas más observados se encuentran:
· FISICOS: cansancio, trastornos del sueño, dolor de cabeza, impotencia, síntomas gastrointestinales, alérgicos, cardíacos.
· PSICOLOGICOS: Irritabilidad, ansiedad, tristeza, angustia, desesperanza.
· COGNITIVOS: confusión, falta de atención y concentración, dificultades en el procesamiento de la información.
· CONDUCTUALES: agresión, actitud defensiva y/o paranoide, cinismo, apatía.
· RELACIONADO CON EL TRABAJO: ausentismo, falta de rendimiento, distractibilidad
· INTERPERSONALES: pobre comunicación, falta de atención, aislamiento.
El cansancio como emoción.
Si bien el cansancio no está incluido en el conjunto nuclear básico de emociones, cumple los criterios básicos que definen a un sistema emocional. A saber:
Esta fuerte interacción con la cognición puede generar pérdida o ganancia para el sistema. La pérdida ocurre cuando el sistema emocional queda sometido a la exigencia y se sobreadapta (corriendo el riesgo de una posterior desadaptación por exceso). La ganancia depende de sostener el equilibrio entre la actividad y el descanso, registrando la propia disponibilidad, deteniendo la actividad que da lugar al descanso, y a través de él reestablecer el nivel energético recuperando el tono cortical necesario para reanudar cualquier conducta.
Como toda emoción, el cansancio incluye una amplia gama de conductas observables, sentimientos expresados y cambios en el estado corporal. Esta diversidad hace que su estudio sea un verdadero desafío. Asimismo y como en toda emoción, muchos aspectos del cansancio permanecen inconscientes, es privado y subjetivo.
El ser humano puede experimentar una amplia gama de estados o niveles de cansancio, y su expresión puede tener o no indicadores manifiestos tales como:
· Extenuación, fastidio, desazón, frustración, agobio, abatimiento, molestia, opresión, temor, disgusto, malhumor.
Además el cansancio es un estado de arousal fisiológico que desencadena una expresión característica de respuestas somáticas automáticas:
· Frio, calor, sed, sueño, náuseas, cefaleas, mialgias, mareos, temblores.
Finalmente cabe mencionar otro componente del cansancio importante para la supervivencia, su rol funcional como emoción ayudadando a generar reacciones adecuadas ante los excesos o defectos de cualquier tipo, internos o ambientales:
· Sobreesfuerzo físico, baja resistencia, fenómenos de sobrecarga, desadaptación, exigencia.
Para distintas emociones habría un vínculo estrecho entre la expresión psicológica de una emoción particular y la actividad de los órganos viscerales controlados por el Sistema Nervioso Autónomo. En el caso del cansancio las expresiones populares más frecuentes son las siguientes:
“estoy filtrado”
Esta expresión podría estar dando cuenta de la fatiga muscular, la falta de resistencia, la percepción en el cuerpo del límite y falta de disponibilidad física. La energía se “filtraría” dejando al sistema con un bajo tono cortical que dificultaría la actividad.
“estoy partido al medio”
Situación de quiebre energético, de tensión interna entre la posibilidad de continuar o parar la acción.
“estoy muerto” – “no doy más” – “no puedo más”
Extenuación, colapso del sistema por pérdida de la vitalidad, disminución de la vigilancia, inhibición, desaliento.
“no sé si llego al final del día”
“estoy tan cansado que ya no veo”
“....que no tengo ganas de nada”
“estaba tan cansado que no podía ni hablar”
“....que se me cerraban los ojos”
“estoy mareado del cansancio”
“no puedo pensar del cansancio que siento...estoy en blanco...no logro engancharme”
Estas expresiones muestran de qué manera el cuerpo habla por sí mismo dando cuenta de los cambios corporales. Tendría lugar una abrupta caída del tono cortical que a través de un efecto cascada pone en marcha los mecanismos y órganos que interconectados activan y precipitan la respuesta de cansancio.
Por una atenuación de la sensibilidad generalizada no llegan al sistema las impresiones que los sentidos captan del ambiente, disminuye la capacidad de procesamiento de los estímulos externos y de las sensaciones internas y se pierde la capacidad de estimulación. El sujeto queda en un estado de indiferencia, desapasionado, inerte, como tildado, colgado de su propio sistema. Aquí los sucesos fisiológicos periféricos cumplirían un rol de facilitación de la información necesaria para que la corteza decida cuál es la respuesta emocional adecuada, activando el sistema simpático para que el cuerpo se prepare para reaccionar de una forma u otra mientras el cerebro toma su decisión.
Circuito de desadaptación. Estrategia de la evolución para frenar la aceleración de los procesos neuropsicológicos.
Nuestro sistema biológico, finamente complejo y tan maravillosamente equipado, se encuentra eclipsado por las demandas del mundo exterior. Al decir de Jaak Panksepp, nuestras vidas están más influenciadas por los asuntos culturales que por las cuestiones biológicas.
Más allá de los matices individuales, en términos evolutivos se hacen evidentes las restricciones biológicas y las demandas externas que dentro de los marcos de la organización social y económica, obligan al hombre a seguir un ritmo de actividad al que no está en condiciones de sostener con normalidad.
A medida que la vida se acelera, la desadaptación biológica crece porque nuestro sistema nervioso no esta acostumbrado a los cambios rápidos. En la evolución, las situaciones de estrés han aumentado las oportunidades de supervivencia sólo cuando su forma de expresión era acotada y daba lugar y espacio para el cambio y el aprendizaje.
Llegan al sistema nervioso estímulos externos sobrecargados (exigencias, urgencias, precipitaciones) que generan la respuesta de sistemas emocionales. Estos cumplen con su función primaria de energizar y guiar al organismo en su interacción con el medio ambiente. Se elabora y ejecuta una respuesta que satisface pero no alcanza a cubrir en forma acabada o permanente esa demanda y retroalimenta la misma aferencia u otra similar en su valencia. Este ciclo se repite una y otra vez generando estrés.
El estrés es un mecanismo normal de nuestro organismo que cuando las demandas externas (sociales) o las internas (psicológicas) superan nuestra capacidad de respuesta, provoca una alarma orgánica que actúa sobre el sistema nervioso produciendo un desequilibrio psicofísico. Su expresión incluye aumento de la frecuencia cardíaca, de la presión arterial, de la frecuencia respiratoria, de la tensión muscular, etc..
Ahora bien, la diferencia entre un estado de estrés y el cansancio crónico es que frente al estrés el descanso es reparador y posibilita la recuperación física y mental necesaria para la actividad. Cuando se trata del cansancio crónico su instalación es progresiva, no requiere de un grave esfuerzo, se manifiesta ante las actividades diarias más comunes o simples, y no disminuye con el descanso.
En el cansancio normal, el quiebre biológico se produce por una falla en el registro del exceso y de la necesidad de parar la actividad para descansar y compensar o recuperar el tono cortical necesario para reanudar el estado de actividad.
Cuando la situación de cansancio comienza a cronificarse, el cuerpo da las señales pero el sistema aprendió a ignorarlas en función de la necesidad de seguir dando respuesta a la exigencia interna o social. Tiene lugar el sobreesfuerzo físico que en principio logra sostener la actividad en detrimento de su calidad, hasta que por extenuación del sistema se produce el quiebre psicofísico que lleva al colapso, la limitación, con el consiguiente compromiso en la capacidad de hacer y en la disposición biológica a la acción.
En el cansancio crónico el agotamiento es extremo, empeora con la actividad física y mental dando lugar al malestar (“malaise” en la literatura anglosajona sobre este tema), o cansancio post esfuerzo de difícil recuperación que no cede con el reposo. La actividad limitada es su rasgo más característico. Impide sostener un nivel de rendimiento físico e intelectual normal, transformándose en un verdadero problema en la interacción social por la incapacidad que sufre la persona para seguir cumpliendo con sus responsabilidades familiares, laborales y sociales.
Esto gravita psicológicamente generando los más variados sentimientos de inadecuación, inseguridad, preocupación, incertidumbre y soledad, temiendo perder la aceptación y reconocimiento del grupo de pertenencia social.
El equilibrio biológico se transforma así en una variable dependiente de la posibilidad de dar respuesta a las demandas del mundo externo desatendiendo las necesidades internas.
¿Qué hace que el sistema biológico sobredimensione la necesidad de dar respuestas a los estímulos externos en desmedro de su propio equilibrio?
El sistema está eclipsado, atrapado en un círculo vicioso que le impide recuperar y desarrollar su capacidad de autocontacto. Frente a las situaciones cotidianas de estrés se altera la percepción psicológica del mismo. El sujeto queda absorbido por la demanda externa, privilegiando su respuesta al estímulo externo y postergando la evaluación y reconocimiento de las demandas internas. La interpretación subjetiva de una situación es un factor decisivo para el tipo de respuesta que cada sistema biológico elabora.
Las personas sometidas a un esfuerzo constante sufren una atrofia del hipotálamo. El hipotálamo está entre las partes del cerebro más directamente involucradas en la expresión de las emociones a través de sus conexiones con la amígdala y la corteza cerebral. Estas conexiones son importantes en la interacción entre los procesos corporales y mentales.
Los cambios en el hipotálamo causan pérdida de energía, disminución del tono vital, se desactivan los procesos motivacionales.
Es a partir de este quiebre de la homeostasis que un amplio espectro de signos y síntomas que acompañan al cansancio crónico se manifiesta como en un bloque indiscriminado que altera el balance o equilibrio energético del sistema.
Un amplio registro de impresiones subjetivas está asociado con el intenso desequilibrio regulatorio que genera el cansancio, siendo la más relevante la sensación de aplastamiento y de falta de energía.
Para que la actividad sea posible es necesario un estado óptimo del tono cortical y el cumplimiento de las leyes neurodinámicas fundamentales que lo caracterizan. Las mismas requieren concentración de los procesos nerviosos, balance en la relación de excitación e inhibición, y movilidad o facilidad para cambiar de una actividad a otra. Estas características se atenúan cuando el tono cortical disminuye.
Las estructuras que mantienen y regulan el tono cortical no están en la misma corteza sino debajo de ella, en la subcorteza. La formación reticular (FR) es una formación nerviosa que por su estructura morfológica y sus propiedades funcionales, está especialmente adaptada para ejercer la función de regulación del estado cortical cambiando su tono y manteniendo su estado de vigilia.
La FR tiene una estructura de red en la cual se intercalan los cuerpos de las células nerviosas conectadas entre sí mediante cortos procesos. La excitación se extiende sobre la red en forma gradual, cambiando los niveles de excitación o de inhibición, modulando el estado total del sistema nervioso.
Algunas fibras de la FR suben y terminan en estructuras nerviosas superiores, y otras fibras bajan para terminar en estructuras inferiores. Las variaciones en su actividad se reflejan prácticamente en la totalidad de los procesos del sistema nervioso y en la actividad endócrina controlada por el hipotálamo.
H. Magoun en su libro “El cerebro en vigilia”, demostró que la estimulación de la FR en la región del Mesencéfalo, en la parte posterior del hipotálamo y en las estructuras subtalámicas adyacentes; provocan una reacción arousal, incrementa la excitación, agudiza la sensibilidad, integra la actividad cerebral y de ello resulta una respuesta organizada. La vía mesolímbica cumple una función de autoestimulación que ante la emergencia del cansancio, y la consecuente disminución del tono cortical, se inhibiría contribuyendo a la limitada disponibilidad a la acción dentro del sistema.
Las conductas en el hombre son en gran parte organizadas por intenciones y planes. El cumplimiento de un plan requiere una cierta cantidad de energía y solo es posible si se mantiene un cierto nivel de actividad. El cansancio crónico y la disminución del tono energético coinciden con la drástica limitación en la actividad y con las dificultades en la programación de la conducta.
El carácter diferenciador de la FR está dado por ser una fuente primaria de activación, siendo ésta su función básica.
Según A. Luria, para las situaciones en que el tono cortical ordinario es insuficiente, existen tres fuentes principales de activación:
Los sistemas reticulares ascendentes y descendentes forman un sistema funcional autorregulador capaz de cambiar el tono cortical y a su vez, ser susceptible a la influencia cortical adaptándose a las condiciones ambientales en el curso de su acción.
Las fibras descendentes que van desde la corteza hasta el tronco cerebral se originan en la corteza prefrontal, más específicamente en la región frontal media y orbital, y llegan hasta los núcleos del tálamo y del tronco. Forman un sistema a través del cual la corteza participa en la formación de intenciones y proyectos.
La disminución del tono cortical afecta la función básica de activación del sistema orgánico generando variadas disfunciones en los distintos subsistemas orgánicos.
Se inhibe la actividad, y su expresión incluye descenso de la presión sanguínea, hipovolemia, intolerancia ortostática (la persona no puede sostener la posición erecta o sentada por mucho tiempo, se siente mejor acostada), fenómenos de sobrecarga con hipersensibilidad a los estímulos externos (intolerancia a los ruidos, fotofobia), bajo rendimiento cognitivo (disminución de la atención, concentración y del procesamiento de la información con un serio compromiso de la memoria operativa), disminución de la actividad motora (bajo nivel de actividad, postura corporal hipoextendida, marcha lenta y esforzada, tono muscular inhibido, velocidad de movimiento baja y retardada, pobre coordinación motora). Estas disfunciones son la causa de la sustancial reducción de los niveles de rendimiento ocupacionales y sociales previos a la emergencia del cansancio crónico.
La importancia de la cognición de las emociones en la evolución.
Hasta aquí hemos visto cómo la emergencia crónica de cansancio, da lugar a la expresión de fenómenos de sobrecarga fisiológica y emocional que generan un quiebre neurobiológico que limita la actividad. La sintomatología que acompaña a este particular estado de cansancio está claramente relacionada con el sistema nervioso central: astenia, alteraciones cognitivas, trastornos del sueño, acompañados por síntomas que aparentemente son de diferente naturaleza como fatiga, síntomas gastrointestinales, alérgicos o cardíacos.
Según Jay Goldstein estos desórdenes neurosomáticos tendrían bases en una desregulación de los mecanismos cerebrales, causadas por una compleja interacción de factores genéticos, del desarrollo y ambientales que derivan en bajo rendimiento e inadaptación biopsicosocial.
Social y culturalmente nuestra identidad está dada por nuestra conducta. Somos cualitativamente lo que hacemos. Nuestro comportamiento nos define socialmente.
El cansancio crónico limita la capacidad de hacer socialmente y se transforma en una disfunción que impide llevar un ritmo de vida normal, compromete la calidad de vida, frustra la individuo y puede llevar al aislamiento social. El desequilibrio biológico, el dolor psicológico y la desadaptación social son sus consecuencias.
El cansancio crónico es una clara expresión del desfasaje que la evolución sufre. Jaak Panksepp señala que en términos evolutivos el desarrollo del proceso de encefalización no ha culminado aún, y la comprensión científica de su posible rumbo exigiría el reconocimiento del rol de los sistemas emocionales cerebrales en la construcción de los sistemas sociales.
Las áreas subcorticales contienen un gran número de sistemas emocionales que gobiernan nuestros valores y estados de ánimo. Sin embargo, nuestras habilidades corticales han jugado un rol más importante en la construcción de las instituciones sociales que la que tuvieron nuestros circuitos límbicos.
Panksepp describe muy bien la manera en que nuestro neocórtex elabora las ideas más complejas acerca del mundo exterior. Los conceptos humanistas, científicos, económicos y políticos, son producto de nuestros sistemas sensoriales y atencionales que toman preferentemente los datos provenientes de nuestros sentidos exteriores, más que la información que generan nuestros sentimientos internos. De alguna manera estos condicionamientos influyeron en la forma en que el sistema biológico quedó eclipsado por las demandas del mundo exterior.
Este eclipse tapa e impide el desarrollo de los sistemas emocionales y reduce la capacidad de los mismos en el ejercicio de su función de energizar y guiar al organismo en sus interacciones con el medio ambiente.
Los hemisferios cerebrales aumentaron su influencia a expensas del sistema límbico y de las estructuras subcorticales, que en apariencia cumplen un papel secundario frente a las actuales exigencias que enfrenta el proceso de evolución. Sin embargo, los déficits energéticos y sus posibles orígenes en las estructuras subcorticales, en el tronco cerebral y en el hipotálamo, muestran el grave error de esta subestimación.
Si bien nuestras funciones cerebrales superiores han llevado al desarrollo de nuestra cultura, también han generado la ilusión de que los humanos somos criaturas racionales por encima de todo. Pero nuestras funciones superiores no son inmunes a la influencia de la subcorteza. Los procesos emocionales juegan un importante papel en la cadena de eventos que controlan las conductas humanas, ya que surgen de eventos neurobiológicos que median y modulan la naturaleza instintiva de las conductas humanas.
Las actuales restricciones biológicas ponen en evidencia
Ante la emergencia de variados síndromes de desadaptación, se hace necesaria la recodificación de las tendencias psico-conductuales como circuitos neuronales emocionales que respondan a las exigencias ambientales, así como también a las necesidades biológicas de homeostasis interna del organismo.
Para ello el hombre necesitará cambiar su mirada y desarrollar una cultura más humanizada que tecnificada. Una sociedad que comprenda la necesidad de vivir a un ritmo más natural que artificial. Que haga posible que el hombre aumente su expectativa de vida conservando la calidad de la misma.
Una sociedad de hombres dispuestos a recuperar el contacto con la naturaleza y con su propia humanidad. Vinculándose con el medio pero al mismo tiempo aprendiendo a sostener la mirada interior y reconociendo en su mundo visceral, su propia esencia natural.
Conclusiones:
A pesar de su plasticidad y de estar congénitamente preparado para ser modificado por estímulos del medio ambiente, habría en el Sistema Nervioso un desajuste en la capacidad de respuesta a las exigencias del medio que se expresaría en esta falta de adaptabilidad.
La misma se observa en la emergencia de variados síntomas de desajuste interno, déficits, fenómenos de sobrecarga (intolerancia e hipersensibilidad a fuentes de estímulos internos o externos) y variadas alteraciones en manifestaciones neurovegetativas, inmunes y neuroendócrinas.
Las normas socioculturales del siglo XXI resultan poco naturales y difíciles de metabolizar para nuestro neocórtex. El cambio social fue muy brusco y todavía no hubo tiempo para que el sistema nervioso se adapte.
El medio ambiente social y cultural está altamente tecnificado y opera como un auxiliar compensador de las limitaciones humanas estrictamente biológicas. El ritmo de vida actual exige al sistema nervioso un esfuerzo de sobreadaptación que provoca un quiebre del equilibrio biológico. Como consecuencia del mismo, el neocórtex pierde su capacidad y no logra dar respuestas eficaces que ayuden a modificar al medio sociocultural creando condiciones más propicias para alcanzar una mejor calidad de vida y asegurar la supervivencia.
Las emociones son parte de los recursos biorreguladores con los cuales venimos filogenéticamente equipados para la supervivencia. Están siempre relacionadas con la homeostasis. En situaciones de disbalance las funciones homeostáticas y emocionales dominan por completo a las funciones cognitivas. Hay un triunfo de lo instintivo sobre lo racional. Ciertas regiones de la subcorteza y del tronco cerebral envían órdenes a otras regiones del cerebro y a todos los lugares del cuerpo que correspondan con el resultado de un cambio global en el estado del organismo que afecta tanto al cerebro como al cuerpo. En el caso del cansancio crónico, la emoción provee motivación a la cognición inhibiendo desadaptativamente a la conducta en función del marco sociocultural que exige mayor rendimiento y sobreadaptación biológica.
El cansancio crónico es causado por una disminución en el nivel de energía y una baja resistencia a la actividad, que exigen al individuo un sobreesfuerzo físico y mental que lo lleva al colapso del sistema.
Los signos más característicos del cansancio crónico señalan limitación de la actividad, reducida aptitud de trabajo, de la capacidad de hacer física e intelectualmente; fatiga muscular, sensación de agotamiento extremo o cansancio con esfuerzos mínimos, debilidad; fatiga intelectual, atención lábil, dificultad para concentrarse, pérdida de la memoria, lentitud mental, y pérdida de la vitalidad, bajo nivel de energía, disminución de la vigilancia, pobre iniciativa, inhibición, desaliento.
El déficit en el tono vital genera trastornos en la calidad de vida por la incapacidad de adaptación a las exigencias del medio socio-cultural.
El hipotálamo es un centro cerebral muy pequeño pero de enorme importancia ya que es el encargado de regular las funciones clave para el buen funcionamiento del sistema orgánico. Los cambios en el hipotálamo causan pérdida de energía, disminución del tono vital, se desactivan los procesos motivacionales.
El tono vital es regulado por la FR que cumple una función básica de activación del sistema orgánico. Modula y gradúa el tono energético en función de las condiciones internas y ambientales.
La emoción y la conducta son funciones del hipotálamo, el sistema límbico y la corteza prefrontal. La vía Mesolímbica cumple una función de autoestimulación que ante la emergencia del cansancio se inhibiría contribuyendo a la limitada disponibilidad a la acción dentro del sistema.
El cansancio crónico puede ser visto así como un signo de disfunción neurobiológica que como proceso psico-neural participa de las funciones adaptativas del organismo en su integración con el medio ambiente.
El aprendizaje del importante rol que cumplen las emociones en el procesamiento neural de nuestras funciones superiores, posibilitará el reconocimiento social y cultural de la necesidad de adaptar el ritmo del progreso a las necesidades biológicas de homeostasis interna.
En síntesis, los estados emocionales proveen los valores naturales internos sobre los cuales se basan las elecciones comportamentales complejas, ya sea que las mismas sean expresión de la adaptación o de la enfermedad.
Bibliografía:
Snell, 2004. Neuroanatomía Clínica. Editorial Medica Panamericana. Argentina.
Per Brodal, 1998. The Central Nervous System. Oxford University Press. USA.
Rosenzweig, A.L.Liman, S. Marc Breedlove, 2001. Psicología Biológica. Ariel Neurociencia. España.
E. E. Kandel, T. M. Jessell, J. H. Schwartz, 1997. Neurociencia y conducta. Prentice Hall. España.
E. E. Kandel, T. M. Jessell, J. H. Schwartz, 2000. Principios de Neurociencia. Cuarta Edición. McGraw-Hill. Madrid, España.
C. Sandi, C. Venero, M. Cordero, 2001. Estrés, Memoria y Trastornos Asociados. Ariel Neurociencia. España.
E. Aron, 1997. The highly sensitive person. How to thrive when the world overwhelms you. Broodway Books, New York. USA.
Hillary Johnson, 1996. Osler’s web. Inside the labyrinth of the chronic fatigue syndrome epidemic. Penguin Books. USA.
Katrina Berne, 2002. Chronic Fatigue Syndrome, Fibromyalgia and other Invisible Illnesses. Hunter House Publishers. USA.
Devin Starlanyl, Mary Ellen Copeland, 1996. Fibromyalgia and Chronic Myofascial Pain Syndrome. New Harbinger Publications. Canada.
J. A. Goldstein, 1996. Betrayal by the Brain. The Haworth Medical Press. USA.
J. Panksepp, 1998. Affective Neuroscience. Oxford University Press. USA.
Roberto Rosler. Bases Biológicas de la Psiquiatría.
Journal of Chronic Fatigue Syndrome Volume 11, Number 1, 2003.
Myalgic Encephalomyelitis/Chronic Fatigue Syndrome: Clinical Working Case Definition, Diagnostic and treatment Protocols. A Consensus Document. The Haworth Medical Press. USA.
Joaquim Fernández Solà, 2003. Sobrevivir al cansancio. Viena Ediciones Barcelona, España.
Neil Gordon, 1994. Fatiga Crónica. Editorial Voluntad Colombia.
Alain Ehrenberg, 1998. La fatiga de ser uno mismo. Depresión y Sociedad. Ediciones Nueva Visión Buenos Aires. Argentina.
Pura Cancina, 2002. Fatiga Crónica – Neurastenia. Ediciones Homo Sapiens Rosario. Argentina.
Palacios A. L., 1944. La Fatiga y sus proyecciones sociales. Editorial Claridad Buenos Aires. Argentina.
Alexander Luria, 1988. El cerebro en acción. Martínez Roca, España.